Dos de la mañana; en lo que era una cuadra de animales intentamos divertirnos. No cabe un alma. Música, luces, y, un humo que me irrita los ojos, he dormido sólo 4 horas. Todo marcha bien hasta que ponen esa música que empieza a doler. ¡Lo sabía! me agobio, decido irme. ” ¿Ya?” Mis amigas me miran extrañadas “Sí” contesto con cara de no pasa nada. Pretenden acompañarme al menos hasta que encuentre un taxi “¡No!”. Insisten “¡Que no!” Continúan insistiendo. Se miran entre ellas preguntándose con la mirada ¿qué le pasa a esta? Yo sonrío, “Que soy mayor, se cuidarme”, eso creo, pienso, y río interiormente cómplice conmigo misma. Intento deshacerme de su lazo protector procurando que no se sientan culpables por no conseguir que lo este pasando igual de bien que ellas. “¿Qué te pasa, estas bien? siempre eres la última en irte”, me miran sin entender, sonrío y miento, “estoy cansadísima he dormido 4 horas, mañana os llamo”

¡Por fin libre! sin humo, sin música, sin amigas. Miro la lejanía no hay ni un solo taxi. La calle esta llena de gente aunque son las dos de la madrugada. Me fumo un cigarro en una esquina mientras doy tiempo a que pase un taxi. ¡Nada!, ni uno. Decido empezar a caminar, no estoy lejos de casa.

Aparece un gato, empieza a dar vueltas a mí alrededor, casi lo piso, me sigue. Lo observo, es joven, curioso y atrevido. Vuelve otra vez a hacer círculos a mí alrededor. Me está agobiando, él pasa de todo e ignora mis miradas asesinas. Empiezo a cansarme de que me siga, no quiero ni tan siquiera la compañía de un gato callejero. Estoy a punto de decidirme entre darle una patada o un susto, el gato, como si tuviera telepatía automáticamente se mete debajo de un coche. Miro hacia al fondo de la calle, ni un taxi. Sigo caminando, un coche se para y me pregunta una dirección, le indico. Continuo mi camino pienso que a este paso llegare andando a casa.

De pronto la idea de ir a casa no me gusta, llamo a Gloria me dice que me invita a un café o lo que sea en su casa “¡vente!”. Tengo el móvil casi sin batería. Otro coche se para. Me pregunto porque todos se dirigen a mí, comprendo automáticamente que es normal soy la única persona que anda por la calle a las 2,30 de la madrugada. Me inclino en dirección a la ventanilla del copiloto a una distancia prudencial por si acaso tengo que salir a “toda pastilla”, la conductora me resulta familiar, el copiloto una mujer negra, detrás, alguien que no se deja ver. La mujer que conduce me mira y me reconoce, las dos al unísono recordamos donde nos hemos visto antes, reímos con ganas. Es una amiga de mi hermano. “¿Qué haces tan sola por la calle a estas horas?” pregunta, “busco un taxi” respondo mientras curioseo quien va detrás en un intento de cotillear quién y por qué no se quiere dejar ver.. Ella risueña como siempre igual de guapa y gordita me mira con picardía “¡que valor tienes!” dice, la miro interrogativamente “son casi las tres de la mañana y no hay nadie por la calle, ¿tú estas bien?” Me entra un ataque de risa, es la segunda vez que me preguntan lo mismo esta noche, “¡Claro!, contesto, ¿y tú?” Se ríe a carcajadas, le indico hacia donde debe dirigirse, y yo, ¡no encuentro taxi!

Decido encender otro cigarrillo y tomarme las cosas con calma, no hace frío. Ya no hay absolutamente nadie por esta zona y, casi no pasan automóviles. Voy a pensar en mi vida me digo a mi misma, pero la cabeza se va hacia donde ella quiere y, se inventa una historia de cómo sería estar sola en el mundo si no existiera ningún ser humano, me entra un escalofrío de terror, bajo a la tierra y tomo posesión de mi cabeza. Sigo sin encontrar un puñetero taxi. Empiezo a estar asustada no pasa nadie, suerte que las calles son anchas y están muy bien iluminadas.

La mente vuela de nuevo hacia donde ella quiere y no puedo controlarla, empiezo a sentir miedo, ya no me gusta esta soledad física tan absoluta, no pasan ni coches.

La angustia aparece, la cabeza, a su aire, ¿y si te roban? Eres el blanco perfecto estas sola, ¡joder que putada! pienso, llevo encima 200 euros me olvide dejar en casa, ¿y si te violan? Bueno, espero al menos que los tíos no sean unos guarros y unos cardos; no se porque pienso que tendrían que ser más de uno ¿y si te pegan un buen susto? Un susto sin especificar ¡eso si me da miedo! un robo, una violación, bueno… malo pero no peor que el miedo a lo desconocido, a lo indefinido, toda situación puede empeorar. Vaya ánimos me estoy dando a mi misma, decido cortar por lo sano esta línea que toman mis pensamientos.

Ahora sí, ahora estoy ya nerviosa de verdad, miro hacía el horizonte, ni un taxi.

Me doy cuenta de que me he perdido. Estoy perdida en medio de la ciudad y de una zona que conozco perfectamente. Me he desorientado no tengo ni idea de que dirección tomar, estoy bloqueada mentalmente, no circula ni un coche aunque casi lo prefiero. No entiendo como no consigo orientarme, pero si estoy al lado de casa de Gloria, no se que dirección tomar. Veo el edificio de la compañía de aguas al fondo hacia la derecha, no puede ser… tendría que tenerlo a la izquierda ¡voy en dirección contraria!, ¡es increíble! no consigo orientarme, pero…si sólo he tomado un cubata, no puedo estar borracha. Siento una angustia brutal, estoy perdida, desorientada, no hay un alma por la calle, no pasan coches, estoy sin batería en el móvil y el taxi no aparece.

Enciendo otro cigarro, me digo a mi misma que tranquila, intento quitar el bloqueo de la mente, es inútil, estoy muy nerviosa. Decido seguir caminando no puedo quedarme donde estoy eternamente, además, ahora empiezo a tener frío, son los nervios. Estoy aterrorizada.

Pienso que si encuentro un taxi “me piro” a mi casa directamente, ¡lo prometo!, pero que aparezca el taxi.

Ya desanimada intento tomar el control de la situación que durante 10 eternos minutos y sin saber por qué, he perdido. Parece que lo consigo, y efectivamente, me doy cuenta que, inexplicablemente, voy en la dirección contraria a casa de Gloria y de la mía propia. Tiro y piso la colilla y, suspiro con fuerza para tomar oxigeno, por inercia, pero sin esperanza, miro hacia el fondo de la calle y veo la luz más maravillosa del mundo, una luz verde que viene en dirección hacia mí. La solución a mis problemas aparece en forma de taxi, lo paro, subo y le indico la dirección de mi casa. Y, allí voy como había prometido, no sé a quien, pero lo prometí.

El conductor un chico rapado al cero bajito y fuerte de unos 30 años me mira y me dice, por si yo no me había enterado, que iba en dirección contraria a la que debería, yo me avergüenzo y le suelto un rollo intentando justificar este pequeño detalle, él continua explicándome que me ha visto antes pero que llevaba clientes; que los había dejado y regresaba a ver si me encontraba. Sigue contándome que aparca el taxi en el parking que hay debajo de mi casa, y mientras él habla, yo miro el móvil, lo enciendo y con la batería agonizando veo dos llamadas perdidas una de Gloria y otra no sé de quien. No puedo llamar a Gloria para decirle que no me espere el teléfono se muere definitivamente. El taxista sigue hablando, dice que vive enfrente de mi edificio que me conoce de vista, lo miro más detenidamente, pues no, no creo que lo haya visto nunca. Da igual nada me preocupa, estoy a punto de llegar a mi casa.

Y pensar que yo que quería estar sola conmigo misma y caminar tranquila… claro que a quien se le ocurre a las 2 de la mañana, como para pasar desapercibida a esa hora caminando sin compañía por esos mundos de Dios. Llegamos a la puerta de mi casa le pago y le doy las gracias. Abro el portal, subo al ascensor y entro por fin en mi casita. La calefacción esta puesta y hace una calor muy acogedora, me hago un café descafeinado, no tengo sueño, me quito la ropa que apesta a tabaco, fumo otro cigarro rememoro todo lo que ha pasado esta noche ahora ya tranquilamente en la seguridad de mi guarida y, me voy a la cama pensando que mañana hasta las dos no me levanto.