Yolanda nos deja un fragmento de su viaje por el Danubio en bicicleta con algunas fotos. El viaje podría dar para un relato más largo, pero lo he incluido en Relatos cortos. Gracias Yol.


Agosto de 1993.
Jolines! Cuántos años! Y yo voy y, me pongo a recordar un viaje del siglo pasado. Pero creo que vale la pena! Fueron 15 días, con inicio en Barcelona, a la que siguieron Munich-Passau-Viena-Budapest-Salzburgo-Ginebra para acabar otra vez en Barcelona.
Lo mejor del viaje empezó con las previas: noches de entrenamiento, preparación y embalaje de las bicis, la subida al autocar y nuestra llegada a Munich, de ahí un tren hasta Passau (frontera alemana-austriaca) Ahí empieza la ruta y ahí empezamos a pedalear. Hasta Viena, unos 350 km, que Sabine y yo realizamos en 8 etapas.
Cuántas cosas pasaron!


Un camino bordeando el Danubio, solo para ciclistas en el que se deleitan los sentidos. Pudimos admirar un paisaje fantástico, oler a tierra mojada, escuchar el sonido de los patos y las garzas, saborear las exquisitas ensaladas y un vinillo gaseoso que hacia las veces de gasolina para nuestras fatigadas pantorrillas. También pudimos sentir como se erizaba nuestra piel en la visita a Mathaussen y en el paso por la vieja y abandonada central nuclear que atravesamos para entrar en Viena.

Viena iba a ser una parada importante y vaya si lo fue: una huelga de basura y más de 30 grados a la sombra nos recibió provocando un hedor insoportable y, para rematar, nuestra residencia (Pensión Baltic) no tenía desperdicio. Allí se nos unió Carmen para remontar el Danubio (el río de la Gran Madre), a bordo de una barcaza, y llegar a Budapest. Auténtico! Al arribar, Buda a un lado, al otro Pest. Ésta fue otra parada memorable, con otra residencia inigualable. Si vais visitarla y además no os perdáis su plato más famoso “goulash” (si queréis la receta yo la envío)

Desde ahí se iniciaba la vuelta a casa en tren. Pero antes tocaba escala en Salzburgo (música, montañas y una abadía en la que fabrican, dicen, la mejor cerveza del mundo), después Transalpino hasta Ginebra y finalmente Talgo hasta casa (bueno!, hasta la estación de Sants de Bcn a la que llegamos sin bicis, en Suiza dejaron de ser vehículos para convertirse en equipaje y ya se sabe, el equipaje siempre llega más tarde.