Hace mucho que el cine oriental está entre mis preferencias cinéfilas, y ya no solo por las antiguas películas de artes marciales, sino por toda la nueva hornada de cine de aventuras, de terror, de arte y ensayo y de diferentes estilos que copan un amplio mercado. Aunque mis preferencias por los autores y el cine menos comercial son claras, Takeshi Kitano, Takeshi Miike, Kim Ki-duk o Wong Kar-vai son solo algunos ejemplos, pero hay muchos más, aunque si ya son poco conocidos más difícil me resulta encima acordarme de los nombres. Pero ese es otro tema, lo que nos ocupa ahora es la película Man cheng jin dai huang jin jia, literalmente: “Cuando una armadura dorada cubre toda la ciudad” (gracias Nutie) o su traducción del inglés La maldición de la flor dorada (se lucen con las traducciones)

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Ambientada en la Dinastía Tang, hace más de 1.000 años atrás, una de las dinastías más ostentosas de la historia de China, la película nos narra en clave operística shakespiana, a un emperador todopoderoso, una emperatriz que busca venganza al darse cuenta de que ha sido engañada y está siendo envenenada lentamente, y tres hijos condenados a ser marionetas de ambos en medio de corrupciones, intrigas y traiciones. A muchos les sonará a telenovela, a mi particularmente sin encandilarme el tema, lo encontré acertado dentro del género, creo que eso era lo que pretendía el director y del tema tampoco veo que se pueda sacar más de lo que hay, no creo que buscar un argumento más retorcido hubiese mejorado la película.

Porque la película, más que el argumento lo que busca es la perfección visual, y de eso nadie tendrá la menor duda que es admirable, impresionante, a veces excesiva, pero cuidada al mínimo (o máximo) detalle. Hay que verla en cine para apreciar el derroche de colorido y ostentación, los vestuarios, el impacto visual de los los largos pasillos que los protagonistas recorren una y otra vez, el maquillaje, la ornamentación, cortinas, accesorios, un derroche de color de brillo y de luz.

De Zang Yimou ya conocía la sensibilidad en películas como Sorgo rojo, o La linterna roja, y sobre todo las fantásticas Hero y La casa de las dagas voladoras, y es a causa de estas dos sobre todo por lo que esperaba ver La Maldición de la flor dorada. Sin embargo nada que ver unas y otra, el que espere las piruetas y la acción de las dos citadas cintas, habrá de esperarse a casi el final de la película, donde, entonces si, Zang Yimou deja ir todo el esplendor de las luchas macro-espectaculares entre miles de personajes (¿un guiño tal vez a Akira Kurosawa?) y cierto derroche de violencia contenida.

De los actores destacar dos por encima del resto, el emperador Yun-Fat Chow (Tigre y Dragón, El Monje, The Killer, Piratas del Caribe 3… por citar algunas de sus cerca de 100 películas) que está perfecto en su papel como en todas las películas que le he visto, y sobre todo la emperatriz Li Gong (Anibal El origen del mal, Memorias de una Geisha, Corrupción en Miami, o la inmensa 2046). En ella recae casi todo el drama del film, es parte de la intriga del emperador y la instigadora a la rebelión y la venganza, y su trabajo, para mi, raya lo perfecto. Hermosa, expresiva, opulenta, borda el papel con la misma soltura con la que borda los crisantemos símbolo de la revuelta.

Pues resumiendo, yo la aconsejo ver y si puede ser en cine mejor. No esperéis una película de acción (que la hay al final) ni de efectos especiales, ni de mensajes profundos. La música es bastante regular pero visualmente es espectacular, puede que a veces hasta demasiado, pero da gusto. Os enlazo el trailer (un poco trampa ya que solo destaca las escenas de acción) pero casi que disfrutéis con las innumerables fotografías que salen en la galería de imágenes que siguen un orden cronológico y que ya os he puesto unas cuantas.