Silvia nos presenta esta entrevista con el pintor Javier Arizabalo.

Javier Arizabalo,
Yo creo que es único y, mágicos sus trabajos, porque con el pincel es lo que hace, auténtica magia. Equilibrio, serenidad, luz, exquisitez, paz, armonía… de todo ello te calas hasta la médula si contemplas sus obras.
Hiperrealismo, no sólo a nivel de técnica, captura el alma y la esencia de los sentidos y una vez capturados, te los transmite íntegros.
Yo intentaré no olvidar una frase que me dijo: “Todos nos merecemos admiración, simplemente por ser…” 


Silvia: Me emociona tanto hacer esta entrevista, jamás hice ninguna y, jamás pensé  llegar a hacerla, pero tener la oportunidad y al pintor que más admiro…
Enkil siempre hace una pregunta muy interesante, la de quién es el artista; así que se la tomaré prestada…
¿Quién es Javier Arizabalo?

Javier: Te agradezco que me hagas esta entrevista, nunca imaginé, realmente, que podría interesar lo que pudiera decir.
Muchas veces soñamos con decir las cosas que contenemos y gritaríamos si nos dieran una oportunidad. Desearía que todas las personas tuvieran esa oportunidad y fueran leídas.
Javier es una persona normal y corriente que lucha por aprender a vivir y disfrutar de ello.


Silvia: Picasso dijo que: “Un pintor es un hombre que pinta lo que vende. Un artista, en cambio, es un hombre que vende lo que pinta.” ¿Crees que eso es cierto todo y lo difícil que puede resultar?
Javier:
La frase de Picasso habla del que sólo es un trabajador o del que vive en su trabajo, como dos posiciones contrarias y que identifican a la persona. Lo interesante está que en el primer caso trabajas para vender, proyectando tu vida y tu futuro en la venta; en el segundo caso el acento está en pintar, y esta acción es mucho más satisfactoria, porque estás radicado en una acción que se desarrolla en el presente. Esa debería ser la guía para toda actividad y actitud, vivir y actuar en el presente, y no para vender.

Silvia: La mente de un artista no descansa nunca, incluso a veces ni cuando el artista duerme.
¿Qué le habla a Javier Arizabalo? ¿Qué le transmite la necesidad de transmitir a su vez, una sensación, un mensaje?

Javier: La mente, sea de artista o no, suele descansar poco. La mente de Javier ha descansado poco, pero conforme intenta madurar, espera hacerla callar un poco más. Aspiro a armonizarme, y no sentir que cada mañana debo de contar o realizar algo. Por paradójico que parezca, probablemente sea el objetivo de la mente, aprender a callar y estar en el vacío. Las sensaciones, las palabras y sus construcciones, los mensajes, las imágenes, se suelen producir uno tras de otro, nunca acaban si uno no aprende a pararlos, llegar a hacerlo es sano.


Silvia: Muchas veces los artistas nos sentimos incomprendidos, porque no siempre se lee o se percibe de nosotros lo que pretendemos.
¿Alguna vez has perdido la fe en las personas?

Javier: Los artistas incomprendidos lo son por ellos mismos. El pretender, continuamente, que a uno lo reafirmen, lo alaben o le den un caramelo es una muestra de inmadurez, falta de estima o confusión.
Las demás personas no son diferentes a uno mismo y cuando uno comprende la falta de coherencia de uno mismo, comprende la de los demás.
Hay muchas personas que se miran en los demás, que exigen a los demás, que delegan sus responsabilidades en los demás, que buscan consuelo en los demás, y donde debe de buscarlo es en la coherencia interna.

Silvia: ¿Cuándo te diste cuenta de que el arte, era para ti una vía a través de la que poder volcar quien eres?
Javier: De niño ya trabajaba arte, aunque lo hacía de manera natural, sin dar razones. De mayor, frecuentemente, uno está constantemente emitiendo palabras y pensamientos, y dentro de estos pensamientos está quien cree ser.
Por lo demás uno es lo exterior y lo interior, no vuelca al exterior más que lo que antes ha entrado en el.
Uno es su circunstancia, la materia que se aglutinó en el planeta tierra, la primera secuencia de aminoácido, el primer animal que salió del mar, el abuelo que emigró desde otras tierras, la leche que mamó de su madre, el abecedario que le enseñó el maestro o el primer pincel que aprendió a coger. Todo lo ha sacado de los demás, desde la energía para hablar, sus experiencias o sus pensamientos, porque él es lo de fuera. La trampa es la utilización del lenguaje y el decir que soy diferente del resto, que soy “yo”.

Silvia: Me dices que no te llame Genio, desde luego para mí lo eres y, tengo muy claro que artistas hay muchos, genios muy pocos.
¿Cuál es para ti la diferencia?

Javier: Por un lado uno nunca posee características perennes y absolutas, incluso los que dicen ser poseedores de un supremo juicio y que han llegado a la iluminación, como algunos monjes budistas, también se equivocan. Popularmente pensamos que una persona es (o tiene) tal o cual cosa, es una simplificación.
Uno es una figura moldeable. Cuando se es pequeño suele ser más fácil moldear a uno (también es posible de mayor), y puede o no adquirir características, comportamientos y habilidades fuera de la preparación y oportunidades de los demás.
La educación todavía se encuentra en mantillas, y progresivamente se suceden las generaciones se aumentan y mejoran algunas destrezas y habilidades, mentales y físicas, pero como digo quedan muchas lagunas en los contenidos, en los procesos como estos se asimilan etc… Además, los padres suelen asumir su papel sin la suficiente preparación y orientación. Esto y otras cuestiones, hacen que una persona nunca llegue a formarse al nivel de lo que se considera “genial”.
Como socialmente se apoya que unas personas destaquen más que otras, más que unificar el nivel del conjunto, se crean figuras como la del genio, el intelectual, etc.., personas con mayor desarrollo en algún campo o actividad. Pero es la sociedad, la familia, el entorno, las oportunidades las que seleccionan a una persona para un desarrollo más exacerbado.
Por una cuestión de comprensión y de dignidad hacia todo el mundo, debemos de decir que todos estamos al mismo nivel. Son una serie de procesos causales los que han moldeado a tal o cual individuo, pero que no forma parte de su esencia, porque esta, en realidad, es similar al resto de los individuos.


Silvia: ¿Crees que un artista tiene, en cierto modo el compromiso de hablar de los problemas sociales a través de sus trabajos o, invertir una de sus obras en tratarlos en algún momento de su vida?
Javier: Nadie tiene el compromiso de hacer nada que no quiera, es la libertad y la necesidad con la que naturalmente nacemos cada persona. Hablar de los problemas sociales puede ser motivo, algo que mueve, lo mismo que puede ser hablar de uno mismo.
Son los individuos los que forman una unidad biológica y mental, y de su condición nace lo social, evolutivamente. Es aumentando el consciente individual cuando se consigue aumentar el consciente colectivo.
Es una visión muy superficial, pensar que uno va a cambiar el mundo enarbolando una pancarta, una bandera de color rojo, o haciendo un “gernika”.
Una imagen o una obra en tres dimensiones es un campo abierto que no tiene porque ser un noticiario, un libro de filosofía, una novela histórica, un tratado anatómico, etc.. El tema no es tan importante, existe la contemplación y la relación neuronal sin objeto.


Silvia: Dime artistas o genios a los que admires.
Javier: Hay tantos. Decir nombres se me hace extraño, ya que una persona no guarda el mismo nivel en toda su obra. El retrato de Juan de Pareja de Velázquez me parece soberbio, y me han marcado pequeñas visiones de cuadros, uno de Hopper en el Thyssen, un paisaje de Van Gogh de su primera época, alguna obra de Picasso en sus comienzos etc…
Hay aspectos de la pintura, que unas personas han tratado con más acierto que otras pero, en contra de la tendencia a convertir a sus autores en iconos, en el límite, todos nos merecemos admiración, simplemente por ser.


Silvia: Las manos, el referente más complejo para un artista, el más admirado, “El reto” como tantos lo han definido; para mí, el mejor continente en el que el artista definir su contenido.
Tus lienzos de manos son mágicos. Y, después de eso, ¿Qué?

Javier: Uno se puede romper la cabeza planteándose retos todos los días, pero no es sino un signo de sus necesidades, equilibrios y desequilibrios. De momento disfruto y me siento motivado con los cuerpos y manos, y cuando lo dejen de hacerlo me buscaré otro tema para “pescar satisfacciones”. Por otro lado me sirven para ganarme la vida cómodamente. Tengo otros retos futuros, pero por como ha sido la programación durante el último año, no he podido abordarlos. Ahora estoy ultimando compromisos para que el próximo año pueda mejorar mi trabajo.
Te he de decir que el tema no es lo que más me interesa, sino la actividad, el proceso, las sensaciones y la factura final. Me siento terriblemente aburrido en obras que son un discurso mental y no presentan calidades materiales.


Silvia: Hoy día, es criticable para muchos artistas aquello a lo que se llega a definir de arte. Para ti, ¿Qué es el arte como tal? ¿Cómo definirías lo que es? ¿Lo que debe ser?
Javier: En sentido ampliado, arte es la manera de interactuar con las cosas. Es la imbricación de las aspiraciones y las necesidades con las herramientas y actuaciones del presente. Como subproducto genera objetos, y a veces signos dotados de valores y significados. Pueden ser las artes clásicas, o en sentido ampliado, todo tipo de acción.
Las críticas, razones y sinrazones del arte, me suelen importar un pepino; son sólo palabras.


Silvia: Son varios los premios que te han otorgado. ¿Crees en ellos? ¿No crees en que a veces el sistema lo altera todo, lo embrutece? ¿Lo contamina?
Javier: No he ganado grandes premios, y lo que me importan es lo mismo que los juicios que hacen los demás, una línea de texto en un libro de muchas páginas.
Los premios pueden ser una medida de representatividad social, pero no mucho más. Uno no debe medirse por este criterio, sino por algo más cercano a él y emocional, esto si tiene real importancia en el desarrollo de uno.
Factores como los premios, el currículum, los títulos, el dinero o los halagos, no son ni buenos ni malos en sí, sino que uno debe mantener la suficiente distancia. Pertenecen a la esfera de un “teatro” social que afecta tangencialmente, pero no directamente. El que lo crea de otra manera está a merced de sus idas y venidas, y si se deja influir, pierde sentido real.


Silvia: ¿Por qué crees que se dice de los artistas estamos todos un poco locos?
Javier: Se dice que hay que tener un poco de locura, para compensar un exceso de cordura. El exceso o falta de los dos producen aberraciones. A los artistas se los ha visto o querido ver, interesadamente o no, como personas con mayor sensibilidad. El título de “mágico” está presente desde las representaciones prehistóricas hasta la más tecnificada obra actual. Entonces, parece ser, que el artista es ese médium, o “loco” más allá de lo convencional, que nos desvela unos parámetros desconocidos de las realidades o del ser. En cualquier caso no es más que una etiqueta, el artista es tan cuerdo como desee serlo, no van ligados.


Silvia: En tus obras se percibe, belleza, equilibrio, serenidad, paz y, vida en la luz que hay capturada en cada una de tus obras. Es en parte lo que se percibe del artista. Transmites un equilibrio extraordinario ¿Es ese en parte tu mensaje?
Javier: Hay una parte que ha sido decantada en el aprendizaje, pero lo que necesito y pretendo, se haya ligado al movimiento lento, a las energías calmas, a la contemplación.
Hay dos fuerzas generales en el devenir, la dispersión y la concentración, ying y yang. Dado mi nivel energético necesito la concentración y la quietud, no hay otro modo, en mis circunstancias, que pueda realizar un buen trabajo.
Nuestras sociedades son las de los estímulos continuos, siendo muy raro el equilibrio y la paz. Puedes percibirlo saliendo a la calle, viendo cómo se comporta la gente, en el trabajo, en los coches, viendo sus rostros, su físico y su salud. La belleza que suele aparecer, también, es completamente irreal, como son los “mundos virtuales” en los que se mueven, o nos movemos, jóvenes y no tan jóvenes.
A nivel planetario, social y particular, vamos y estamos asistiendo al agotamiento de recursos, al aturdimiento y al derroche energético. Esto va a originar crisis, desapariciones por un lado y despertares de conciencia por otro.
Con vistas al presente y futuro que estamos causando; comprender y ayudar a apreciar un movimiento lento, meditado, no dopado, ni estimulado, puede ser una misión para el creador de imágenes.


Silvia: ¿Qué te ha dado el arte hasta el día de hoy? ¿Qué le pides o, mejor dicho, qué esperas de él de hoy en adelante?
Javier: El arte me ha dado un modo de relación, me ha dado concentración y sustentación. Espero, y estoy seguro, de poder mantenerme en esta línea en la que recibo lo que doy, pero transformado.


Silvia: Hay quien definió el arte como una herramienta de la mente humana, que alimenta el alma del artista y en muchos casos el de quien contempla su obra. ¿Por qué crees que a veces tortura al artista? la necesidad permanente de dar uso a esa “supuesta herramienta”
Javier: La tortura no viene del arte, sino de las contradicciones y de las incoherencias.
La imaginación, la imagen más la acción, alimentan (o no) pensamientos e imágenes que queremos revivir, hasta que dejan, por la propia naturaleza del movimiento, de interesarnos.