En Uno de los Nuestros seguimos con las colaboraciones y, en este caso, nuestra amiga ysf nos propone un nuevo tipo de post. En este caso se trata de un pequeño estudio de la obra de Leonardo da Vinci “La última cena” y su personaje más anecdótico, Judas, analizado a través del libro de Leo Perutz “El Judas de Leonardo”. Arte y literatura vienen de la mano.

Leonardo DaVinci – Pintando a Judas

Leonardo da Vinci dijo en su día que “el pintor es dueño de todas
las cosas que el hombre pueda pensar… Lo que en el universo existe por esencia, presencia o  imaginación, él lo tiene antes en su mente y
en sus manos luego”. Entonces… ¿de qué se adueño Leonardo para pintar el rostro de Judas?

En 1495 se inicia, en la iglesia del convento de Santa Maria delle Grazie, una de las obras más controvertidas de Leonardo da Vinci: el Cenacolo o La Última Cena.
La obra forma parte de un gran proyecto de reformas concebido para la gloria de los Sforza, encargado y sufragado por el duque Ludovico el Moro. Tardó tres años en finalizarse debido a las malas condiciones de la pared y al tipo de técnica elegida por Leonardo que consistía en emplear una mezcla de témpera y óleo extendida sobre dos bases de yeso que la hacía lenta y laboriosa. La obra, una vez concluida, causó un gran impacto e influencia en la evolución de la plástica europea. No obstante, la pintura comenzó a deteriorarse pronto debido a la humedad que se desprendía de la pared, siendo, en el curso de los siglos, objeto de varias restauraciones.

Leonardo representa en La Última Cena el momento dramático en el que Jesucristo anuncia la traición de uno de sus discípulo y la reacción de cada uno de ellos con gestos de estupor excepto Judas que pertenece inmóvil. En la pintura, Judas no gesticula ni pregunta, se aparta o es apartado involuntariamente por Pedro que trata de hablar con Juan. Judas inclinado, se limita a inquirir con la mirada algún indicio de sospecha sobre él.

Muchas son las anécdotas, rumores, leyendas urbanas,…que se han creado entorno a los personajes representados en La Última Cena, pero, quizás, es Judas en quien recaen las más interesantes ya que en él, Leonardo debía representar toda la carga emotiva que iba a desencadenar el anuncio de Jesucristo.

Así, Vasari, artista renacentista posterior a Leonardo, cuenta la anécdota respecto a la lentitud en la realización de la obra, que un día el prior della Grazie que siempre estaba instando a Leonardo para que se diera prisa en acabar la obra, harto de las tácticas dilatorias del maestro, fue a quejarse al duque Ludovico. Como respuesta Leonardo le dijo al duque que el problema era que aún no había dado con un rostro lo bastante perverso para representar a Judas, pero que, si finalmente no lograba hallarlo, siempre le quedaba la opción de recurrir al rostro despiadado e impaciente del prior para que le sirviera de modelo.


“En marzo de 1498, en un día que trajo a la llanura lombarda aguaceros interrumpidos por ráfagas de viento y nevadas tardías, el prior del convento dominico de Santa Maria delle Grazie se dirigía al castillo de Milán para presentar sus respetos al duque Ludovico Maria Sforza, a quien llamaban el Moro, y obtener el apoyo del duque en un asunto que, desde hacía tiempo le causaba constante preocupación y contrariedad (…)” Así empieza la novela póstuma de Leo Perutz “El Judas de Leonardo” (Ediciones Destino, 2004) en la que, entre el relato histórico y el de ficción, Perutz narra el último escollo del maestro para finalizar su obra  La Última Cena que no era otro que el de encontrar un modelo en  el que inspirarse para el rostro de Judas. En la novela de Leo Perutz, Leonardo recorre las calles de Milán día tras día buscando la fuente de inspiración que refleje la representación del mal hasta que encuentra a Joachim Behaim, un honesto comerciante que llega a Milán para cobrar la deuda de un usurero. Al tomarlo por modelo y adueñarse de su rostro, la vida de Behaim cambiará para siempre.

No sabemos en quién se inspiró realmente Leonardo, de qué se adueño para pintar el rostro de Judas. Habrá que preguntarse ¿qué aspectos ciertos esconde la historia de Leo Perutz? o ¿será quizás el rostro del prior della Grazie el que finalmente escogió Leonardo para pintar a Judas en La Última Cena?

ysf, enero 2009