Pierre Molinier – La Melancolía de una Figura Fragmentada

©Pierre Molinier – «L’enchaînée»

Y ya metidos de lleno en esta semana algo transgresora, hoy traemos al que es posiblemente uno de los artistas más extremos que hemos conocido. Pierre Molinier empezó a tomar fotografías a los 18 años, aunque no sería hasta 1950 cuando empezaría su producción erótica.

©Pierre Molinier – «Introit»

«Sus fotografías, especialmente, los autorretratos y fotomontajes realizados en los últimos quince años de su vida y recogidas, muchas de ellas, en su libro Cien Fotografías Eróticas, muestran una decoración monótona y repetitiva donde las mismas fantasías son convocadas obsesivamente: la angustia de una identidad troceada, la fragmentación del propio cuerpo, la irremediable ligazón del dolor al placer, el incesante fetichismo y travestismo narcisista. El acto fotográfico supondrá para Molinier la única posibilidad de acceder al otro cuerpo. El fotomontaje le permitirá alcanzar ese cuerpo imposible que la sociedad prohíbe. Su vida se nos aparece como la incesante búsqueda – sin ningún tipo de moral – de la frontera evanescente donde se yuxtaponen en una proximidad improbable y provocadora los diferentes sexos; ese lugar hecho de luz y sombras, ambiguo y confuso donde el deseo se confunde con la angustia y el goce con el sufrimiento.» (1)

©Pierre Molinier – «Le chaman»
©Pierre Molinier – «Leperon Damour»

«A mediados de los 50, Molinier contacta con André Breton, quién le apoyaría para integrarlo en su grupo y exponer en París, llegando a componer la portada del nº 2 de la revista «Le Surréalisme même» y participando en ediciones posteriores. Formaría parte del movimiento surrealista, aunque sus planteamientos y opiniones diferían, a menudo, del Surrealismo. En 1965 el detonante del conflicto con sus compañeros de grupo sería la presentación de un lienzo que consideraron demasiado irreverente, titulado: «Oh!… Marie, Mère de Dieu» (¡Oh!… María, Madre de Dios). Ello, unido a su difícil carácter, a menudo blasfemo y obsceno, acabaría desembocando en un alejamiento de Breton y los surrealistas.» (2)

©Pierre Molinier – «Self-portrait»
©Pierre Molinier – «La Grande Mélee»

«Si en los años sesenta y setenta el mundo del arte se vio inundado por un conjunto de artistas que -mediante el Body Art y las Performances – iban a utilizar su propio cuerpo como objeto artístico y medio ideológico para cuestionar las representaciones corporales y sexuales del momento, muy pocos irán tan lejos en su búsqueda como Pierre Molinier. Este pasará sus últimos años confinado y solo en un claustrofóbico, decadente y sucio apartamento del viejo Burdeos. Aquel espacio será su universo y su microcosmos, lugar sagrado y obsceno donde comerá, trabajará (es el mismo artista quien construye o transforma todos sus objetos) y dormirá rodeado de pistolas, maniquíes, libros, pinturas, muñecas, cuchillos, botas, medias, ropa negra: fetiches y accesorios que le acompañarán hasta el día de su suicidio (el 3 de Marzo de 1976). Una angustiante atmósfera que le permitirá el retiro del mundo real al suyo interior, un espacio inviolado donde poder dar lugar a todo el desarrollo de su psique.» (1)

©Pierre Molinier – «Claire et Alain»
©Pierre Molinier – «Hanel Sechs»

«Será allí donde encontrarán su cuerpo al cual, y como último acto de profunda autonomía, le había quitado la vida y donado a la ciencia para fines anatómicos. Su suicidio no fue un acto de alguien desesperado ni obcecado, sino, al contrario, un acto voluntario y lúcido. Je me tue. La clé est chez le concierge (Me llevo mi vida. La llave la tiene el conserje), esta fue la última nota enviada a sus amigos, el último favor solicitado para que no se olvidaran de cuidar a sus gatos (los únicos compañeros de sus últimos años). Molinier preparó el arma (una pistola que siempre tenía debajo del cojín), escogió la posición (acostado frente al gran espejo), y las máscaras y las ropas para la ocasión (como si de otro fotomontaje más se tratara). No hubo precipitación ni miedo, no dejó trazos de violencia ni de sangre (tan sólo unas pocas gotas sobre la oreja), la muerte era un acto más, una trivialidad ante la cual hay que guardar una cierta distancia y frialdad. El último acto narcisista. La muerte de Molinier fue un trabajo de precisión e inocencia, ejecutada con la intensidad y la seriedad de un juego de niños. Molinier construyó su muerte y la camufló como si fuera una «obra de arte». Su sonrisa fue un signo irrefutable: fue el perverso brillo de la infancia. Era una muerte anunciada.»(1)

©Pierre Molinier – «Le triomphe des tribades ou Sur le pavois»
©Pierre Molinier – «Le double»

«La relación con la muerte aparece en su vida con cierta insistencia. Dos experiencias van a marcar de modo muy importante su vida cotidiana: la primera, fue la muerte de su hermana mayor cuando él tenía quince años y el recuerdo de la última noche que pasó con ella Me quedé velándola toda la noche, solo, me acosté con ella y la follé allí, en la cama. No la penetré, la follé entre sus muslos (…). Desde su muerte, decidí vivir como vivo todavía hoy. En una habitación …, sí … en una habitación …sin casi nunca salir de ella; la segunda, ocurrió durante los años cincuenta al expresar, insistentemente, tal deseo de morir que llegó incluso a construir (y a fotografiarse acostado con ella) una cruz (de las que se ponen en los cementerios) con una inscripción y epitafio que decía: Aquí yace Pierre Molinier, nacido el 13 de Abril de 1900, muerto hacia 1950. Fue un hombre sin moralidad. Inútil llorar por él. La muerte y el sexo aparecen tan unidos en su vida y trabajo que al observarlo no podemos menos que recordar el testamento literario del marqués de Sade.» (1)

©Pierre Molinier – «Portrait of Luciano Castelli»
©Pierre Molinier – «Untitled»

Pierre Molinier puede ser considerado un gran artista que además no utiliza elementos externos (modelos) para su particular expresión artística. Su propio cuerpo es su lienzo y sus fotografías y fotomontajes su forma de expresión. Su obra habla más de sí mismo que del tema que la conceptualiza, y para ello es necesario saber y conocer el entorno y vida del artista para poder asimilar su trabajo. Los textos han sido sacados de un gran artículo de José Miguel G. Cortés para Acción Paralela (1) y del blog de mi buena amiga Madame X (2). También podemos encontrar otro excelente post en el blog de pe-jota y una magnífica selección de frases y escritos de Molinier en La exhibición Perturbada de la cual saco las dos últimas frases para este post.

©Pierre Molinier – «Untlited»
©Pierre Molinier – «Effigie»

Hace más de veinte años atrás construí y fotografié una cruz que titulé :
Tumba Prematura. Tenía una bella inscripción donde se leía: Aquí yace Pierre Molinier, nacido el 13 de Abril de 1900. Fue un hombre sin moralidad. Inútil llorar por él. Ahora todo esa fingida ridiculez da paso a lo verdaderamente ridículo.

Pierre Molinier
©Pierre Molinier – «La comtesse Midralgar»
©Pierre Molinier – «Les amoureuses angoisséees»

No hay miedo. No hay hay sangre. No hay nada. Apenas unas gotas adornándome una oreja. Les advierto. Será un acto que verán solo una vez: Preciso, inocente, casi infantil.
Contra cualquier cosa dicha, soy yo, soberano absoluto de mí mismo quien les afirma: Es esta la única fotografía suicida jamás coreografiada. La Fotografía de mi propia muerte.

Pierre Molinier
©Pierre Molinier – «My premature grave»
Author: enkil

8 thoughts on “Pierre Molinier – La Melancolía de una Figura Fragmentada

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  3. Existe la postura de que no se puede apreciar plenamente una obra de arte sin conocer la vida y contexto del autor para explicar su produccion.
    Sin conocer la vida de Molinier, uno puede advertir en su fotografia un profundo y desolador encuentro con la muerte, como si sus imagenes provocaran un deja vu de remota lejania en quien las ve.
    Paradoja del arte: la expresion de la ausencia y la soledad
    en el ambito de lo erotico, que ironicamente es una fiesta de energia y vitalidad…

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