Irina Ionesco©

Irina Ionesco es una fotógrafa nacida en 1935. Hay cierta incertidumbre sobre su lugar de nacimiento, ya que unos la sitúan en París y otros en Rumania. Se dice que sus padres trabajaban en el circo, aunque tampoco se sabe si como artistas o con alguna otra función. Ella pasó su infancia en Constanta, Rumania, antes de trasladarse a París. Al parecer fue pintora antes de empezar con la fotografía, pero no se conoce ninguna obra suya.

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Lo que se sabe de cierto de esta enigmática mujer, es que en la década de los 70, apareció inesperadamente en la comunidad artística fotográfica de París, con una colección de fotografías extrañas y eróticas en blanco y negro. La mayoría eran retratos de mujeres (algunas autorretratos) parcialmente vestidas con trajes muy elaborados rodeadas de accesorios extravagantes.

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Si bien algunos de esos retratos eran bastantes sencillos, muchos incluían elementos que eran claramente fetichistas. En estas primeras fotografías, las mujeres están mirando hacia la cámara de una forma desinteresada, como si no se dejasen impresionar y despreocupadas por la atención del espectador.

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En 1974, su trabajo fue exhibido en la Galería Nikon de París. Sus fotografías fueron incluidas en una gran variedad de revistas de arte y moda y se vendieron en galerías de toda Europa y Asia. Fue contratada por Vogue y otras revistas de moda que solicitaban sus disparos. Salio de la oscuridad a la fama, una fama muy particular sin duda, pero fama al fin y al cabo, en un tiempo increíblemente corto.

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Ionesco dio a luz a una hija, Eva, en 1965. No era extraño que la fotografiara a menudo, pero en algún momento de 1970, Ionesco comenzó a fotografiarla de la misma forma que fotografiaba a las mujeres adultas. El uso de lujosos vestidos de época, soportes que parecían tener algún significado extraño, poses eróticas y un abundante maquillaje desataron la polémica incluso en un París de mediados de la década de los 70.

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Algunos críticos acogieron la serie como obras de un genio sin parangón, un comentario del punto de equilibrio entre la belleza virginal orgánica y el erotismo manufacturado. Sin embargo muchos fueron los que la censuraron y acusaron de pornografía infantil flagrante. De una forma u otra, casi todo el mundo encuentran las fotografías profundamente inquietantes.

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Irina Ionesco realizó una sesión fotográfica para la revista Vogue Japón con el lema “Alicia en el país de las maravillas”. Su utilización de niños como modelos podría interpretarse como la ignorancia despreocupada del alcance de la controversia sobre los retratos de Eva, o como una declaración deliberada de que iba a disparar las fotografías que quería hacer, con independencia de las denuncias acerca de ella.

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Aunque el furor por las fotografías de Eva se ha mitigado, la polémica subsiste. Hoy día puede que incluso más que en aquella época, ya que los medios de comunicación nos mantienen alertas y con una visión clara sobre pedofílias y explotación infantil. Y si bien es cierto que Eva y su madre mantienen una estrecha relación entre ellas, y que el dinero ganado con las diferentes películas más o menos respetables que ha hecho, se ha usado para que Eva pueda asistir a Theater des Amandiers, una de las escuelas más exclusivas para las artes del espectáculo que hay en Francia, también hay que recordar que Ionesco permitió a su hija posar para Playboy en 1975 y para la versión española de Penthouse en 1976. Todo y así, muchas veces es más culpable quien lee lo que no está escrito que quien escribe lo que no se puede leer.

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Sea como sea no podemos ver solo en la obra de Irina el empleo de su hija Eva en su obra erótica. Cada uno se debatirá con sus propios pensamientos para hacer las distinciones necesarias y elegir el bando que crea conveniente. Sin embargo lo que si está claro que toda su obra es sumamente sugestiva y posee el carácter barroco que le confiere un atrezzo excesivo donde se funde glamour, erotismo, y una sensualidad agresiva con el suficiente magnetismo como para atraer nuestra atención hacia sus fotografías.  Las cuestiones planteadas por la labor de Irina Ionesco son dignas de discusión. Tal vez ese es el valor principal de su trabajo.

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