Richard Burbridge es un fotógrafo británico de unos cuarenta años que reside actualmente en Nueva York y que sin ser de los más famosos ni mediáticos en el mundo de la moda y la belleza, si es de los más espectaculares y meticulosos, siendo uno de los más buscados en la industria cosmética. Burbridge no es solo un fotógrafo comercial, es además un creativo, de ahí su romance con una de las mejores revistas del sector, i-D, donde los mejores profesionales del mundo (modelos, maquilladores, estilistas) se esfuerzan por aparecer en sus páginas incluso sin apenas remuneración económica, y donde Richard firmó en dos años un tercio de las portadas. “Disparamos las historias después de acabar con otros trabajos, así que son sesiones de toda la noche. De viernes a sábado por la mañana normalmente. Hay una gran presión por hacer algo brillante, ya que todo el mundo está pendiente de lo que se hace en revistas como ésta y se inspira en ello. Con i-D no hay tantas restricciones y consideraciones políticas como a las que me enfrento cuando colaboro con Vogue”

Grandes campañas publicitarias, revistas de culto y las principales revistas de moda le reclaman para sus trabajos, como Voge en su versión italiana, americana y británica, trabajos donde la fantasía forma parte fundamental y se aleja de parámetros realistas, donde la tecnología también forma una parte importante del proyecto. “El retoque es fundamental en la actualidad. Es un componente esencial de la fotografía contemporánea, comparable en importancia al pelo o el maquillaje. Por eso yo sólo retoco con una sola persona, que es practicamente mi colaborador más cercano”

Pero su trabajo también incluye retratos de famosos que le llaman para quedar plasmados por el artista, como el caso de Jimmy Carter, Jude Law, Spike Lee, Leonardo Di Caprio, Tom Wolfe o Sean Pen entre muchos otros. “Sólo fotografío a personas que me interesan. Normalmente tengo mi propia opinión sobre ellas, así que manipulo el disparo para reflejar lo que quiero que proyecten y transmitan”  

Las mejores fotografías de Burbridge (quien también tiene trabajos mucho más comerciales: retrata como nadie frascos de perfume), con su radical imaginación y su elaboradísima factura apuntan las tremendas posibilidades expresivas de la fotografía de belleza. Un género no especialmente valorado, pero que va mucho más allá de la mera ilustración de coloretes y sombras de ojos. Un género en el que hay mucho por inventar. Un espectácular universo visual por descubrir.  Via El País