©Jean-François Jonvelle

Jean-François Jonvelle es un fotógrafo francés nacido en 1943 en Cavaillon y fallecido el 16 de Enero del 2002, 15 días después de habérsele detectado un tumor cancerígeno. Su obra está basada en retratos de mujeres, a menudo de sus amigas y conocidas – se le ha achacado un ‘exceso’ de implicación con sus modelos-, marcada por una profunda sensualidad y deseo, por sus aires y ética libertaria, pero sobre todo por su compromiso en la liberación de los códigos sexuales en una difícil época de post-guerra. Gracias a un fotógrafo local, a los 16 años Jonvelle ya era un “hacedor de imágenes”. El haber empezado tan joven y estar seguro siempre de su vocación, lo hicieron amar su trabajo hasta el último día. Siempre se sintió un privilegiado. Su “fórmula secreta” en el trabajo: seducción, deseo, amor y provocación.

Jean-François Jonvelle©Jean-François Jonvelle

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Jonvelle toma su inspiración de aquí y allá, en las pinturas de Balthus, Bacon o Schiele, pero su verdadera cultura viene del cine, con las películas de Mankiewicz, Lubitsch, Fritz Lang, Orson Welles, Arthur Penn, Minnelli, Hitchcock, Marcel l’Herbier, Tourneur, o más recientemente de “Brasil”, la película de Terry Guillian que admitió que había visto once veces. Sin embargo, su preferida sería “Jules et Jim” de François Truffaut. Jonvelle se inició en la fotografía de modas. Comenzó en Harper´s Bazaar gracias a Richard Avedon. A los 18 años fue su asistente durante un mes y le dio este consejo: una simple charla con la modelo y se obtiene lo mejor de ella. Su hermana Claire, su madre y su abuela fueron sus primeras modelos. “A mi hermana la fotografié desde todos los ángulos posibles”, decía.

Jean-François Jonvelle©Jean-François Jonvelle

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Jonvelle creía en la naturalidad y la espontaneidad como elementos indispensables para su trabajo. El entorno ayuda al estado de ánimo de la modelo. Decía que para crear necesitaba una atmósfera “verdadera”. Para Jonvelle la fotografía es igual que la escritura. O sea, que debe hacerse en blanco y negro. Usaba el color únicamente para trabajos de encargo como moda y publicidad, aunque admitió que igual disfrutaba trabajando en color. Sin embargo para los trabajos personales (sus libros) siempre trabajó en blanco y negro. El núcleo constante de la obra de Jonvelle fueron las mujeres. Se cuenta entre los mejores fotógrafos del mundo, ya que durante toda su vida vinculó su carrera en el mundo de la moda con su trabajo como fotógrafo de mujeres. Su obra se basó en puras sensaciones.

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En las fotografías de Jonvelle se pone de manifiesto aquella confabulación que muchos fotógrafos, o sencillamente muchos hombres, desearían mantener con el sexo contrario. Estas reproducciones de mujeres jóvenes resultan delicadas y enérgicas a la vez, puesto que transmiten un alto grado de intimidad y proximidad, e invitan a entrar en un mundo de seducción, amor y pasiones secretas. En ese mosaico de sentimientos y gestos que tanto nos fascina de las mujeres. Jonvelle se refería así sobre su propio trabajo: “Amo fotografiar mujeres, eso no es un secreto, lo que no soporto es que me atribuyan etiquetas, Jonvelle = pequeña tanga. Sobre todas las cosas soy un gran sentimental”.

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Las ambientaciones de Jonvelle en sus trabajos personales son íntimos, sencillos o como él los denominó; ambientes “verdaderos”. El decía amar el trabajar en baños como a la vida misma. Para Jonvelle los baños eran lugares íntimos como ningún otro. Ideales para hacer sentir a sus modelos confiadas y relajadas. Y como vemos en su trabajo hay muchísimas fotografías desarrolladas en ese ambiente. Y es que fuese el ambiente que fuese, el lavabo, el bidé, el sofá, en el cual Jonvelle trabajara siempre creaba esa sorpresa erótica que lo caracterizó. Jonvelle desarrolló un erotismo doméstico, con sus modelos vistiendo desde una simple t-shirt, hasta una pequeña tanga o únicamente un par de zapatos. No se trata de un erotismo de palacio con toda la carga de deseos implícita. “Una mujer que se siente bella, es la más bella del mundo”, decía. Por esto, Jonvelle siempre trató de sacar lo mejor de sus modelos en cada toma.

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Jonvelle siempre quiso la naturalidad en sus trabajos, para esos efectos él la describe así: “Me gustan las chicas cuando son naturales y espontáneas. Me gusta, por ejemplo, soltar su cabello suavemente, o simplemente dejarlo caer. Cuando empecé recuerdo echarles agua en la cara a las modelos para forzarlas a reaccionar naturalmente. Demasiado maquillaje hace a los rostros insípidos, por no decir que feos. ¿Cómo puede alguien querer besar unos labios plastificados por el lápiz labial? El entorno debe ayudar al carácter de la modelo. Me gusta la luz que envuelve a una mujer cuando se está levantando”.

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