Bruno Mercier es un fotógrafo francés que venía del mundo de la ilustración, pero que cambió su orientación para dedicarse al mundo de la fotografía, tal vez influido por su padre que ya cuando el era niño le enseñó los secretos del revelado en su propia casa. Y es el blanco y negro donde ha encontrado el sitio para plasmar sus sentimientos, sus emociones, a las que ha querido llamar “de luz y viento”.

Según sus propias palabras “no pretende con sus trabajos describir el medio ambiente que le rodea, ni su región, sino más bien sugerir, invitar al espectador a penetrar en el centro de la imagen y hacerla suya, abriendo así un camino a lo imaginario y a experimentar los elementos, sentir la fuerza del viento que talla y trabaja, el olor salino de las brumas, la danza cambiante de la luz que reconstruye los paisajes tiñéndolos de sombras, disimulando o revelando tal o cual forma.”

El otro día en el blog de numero f opinábamos sobre el contenido de otro gran artista, Michel Rajkovic, y el tratamiento de sus fotos en blanco y negro. Es un tipo de sensación diferente, una forma diferente de enfocar esas sensaciones y darles una vida propia. Bruno nos dice que seguramente encuentra en su trabajo actual el feeling de sus principios como ilustrador, y que al final solo ha cambiado un pincel por otro para ir aún más lejos en el enfoque de sus imágenes.