Salustiano es un pintor sevillano que de nuevo Carmen me da a conocer y que me fascina desde el primer instante. Con una línea fina de dibujo a medio camino entre la pintura italiana y el Arte oriental, sus cuadros tienen el color rojo y la figura humana como eje central de una obra intimista, que se desarrolla con toques renacentistas y, que nos brinda una serenidad y un equilibrio difícilmente igualable. Sus pinturas recogen el más mínimo de los rasgos de sus modelos, tanto adultos como infantiles, haciendo difícil discernir la distancia que separa el dibujo de la fotografía. Una obra bella, a veces perturbadora y siempre profunda, una obra que dice todo sin necesidad de buscar una temática concreta.

“En mis cuadros nunca pasa nada. Por no haber, no hay ni temática. Son imágenes que no pretenden contar “algo”. Yo busco algo más primitivo, más sutil, busco causarle un determinado estado en el alma a quien los contempla. Es un trabajo intelectual, muy calculado, pero siempre persiguiendo una finalidad emocional. En ese sentido, mi pintura trabaja como la pintura abstracta, aunque me deje la piel y los ojos en lograr la figuración más fina y exacta que soy capaz de trazar.”

Salustiano encuentra sus modelos en la calle, rechazando así nuevamente los valores establecidos de belleza, aunque eso solo hace que aumentarla.  “Son personas no necesariamente bellas a las que propongo posar para un cuadro, porque presiento que pueden ayudarme a transmitir una determinada emoción. Me interesan rostros atemporales, serenos, con una expresión generosa en la boca y una mirada transparente. Quiero que todo el conjunto tenga una apariencia de eternidad”.

El trabajo de este artista comienza en el momento que toma las fotos al modelo. Aunque no suele conversar mucho con ellos, reconoce que siempre se establece una complicidad. “Te van revelando cosas y descubres que no solo es un rostro sereno o bello sino que, además, descubres que todas estas personas eran muy especiales y, curiosamente, muchas de ellas relacionadas con la música”.

Salustiano García Cruz solo usa su nombre como apelativo artístico, sin apellidos. Es como si se sacudiera de lo accesorio y se quedara con un puro concepto.

¿Cómo es eso de provocar un estado del alma?
No es un plan cerrado, depende de la relación entre el modelo y el espectador. Pero, hasta donde llega mi mano, intento primero zarandear, porque si no consigo que te estremezcas ante uno de mis cuadros, es que no he llegado a alcanzarte hasta la planta en la que tienes escondida la emoción, que es a donde yo me dirijo como un misil. Pero después de ese traqueteo inicial que te desarma, lo que quiero es transmitirte un estado de calma. A fin de cuentas, mi intención es infinitamente benéfica, me muevo en el ámbito de lo espiritual.

¿Cómo te enfrentas a la tela en blanco?
Con autocensura. En la antigüedad, el artista era una persona atada de pies y manos: tenía normas estrictas sobre la manera de representar los diferentes personajes, sobre todo en temas religiosos. Incluso se hacía un contrato en el que se detallaba la cantidad exacta a utilizar de determinados pigmentos. Así se han realizado algunas de las obras de arte que yo admiro. Y ese método me parece el correcto por lo que tiene de contención, de no decir todo lo que uno sabe, de renuncia. Ahí estoy yo de manera voluntaria. Ahora que en el arte triunfa el “todo vale”, decidí ser yo quien se impusiera los límites: un fondo rojo, una figura y espacio.

¿Por qué el color rojo?
Porque está lleno de connotaciones e intenciones. Del latín coloratus (colorare, colorar, dar color), es el color por excelencia. El rojo tiene el poder de trascender a su propia condición de color. Es más que un color, es un símbolo que provoca sentimientos de belleza, de ausencia de tiempo, siendo a la vez expresión de fuerza, el color de la sangre, de la religión y de los elegidos.
El rojo de mis cuadros en realidad es una metáfora del cielo, de lo trascendente.


La belleza, la perfección académica, la composición minimalista, ¿no suman acaso un tono comercial y restan efectividad al mensaje? ¿Por qué la belleza en tiempos de saturación de imágenes y de la necesidad de un arte crítico?
¿Realmente necesitamos un arte crítico? Nunca he creído en el arte-panfleto. En cambio, pienso que estamos escasos de mensajes bellos a nuestro alrededor. Saturados de todo tipo de estímulos visuales, el artista crea imágenes de impacto muchas veces sólo para llamar la atención del espectador. Pero en una pared donde todos gritan a veces lo único que queremos es oír a alguien que nos susurra.
Exposiciones y ferias de arte están llenas de sangre y escenas de violencia. ¿Es esto una crítica a la violencia? No creo. ¿Una persona después de ver a una chica oriental atada y amordazada es más amable? ¿Más buena? ¿Evita esto una guerra? ¿Protege a los niños del tercer mundo de la prostitución?… Me temo que no. Mucho del llamado arte social es superficial y snob.
Por último, a veces se nos pide demasiado a los artistas. ¿¡Arreglar el mundo!? Yo me conformo con embellecer el metro cuadrado de universo que me ha tocado.
(Entrevista via artfacts)

Salustiano es además generoso con su obra y, así, podemos encontrar en su web un precioso PPS de esos que se envían y reenvían y que se puede descargar para nuestro uso y disfrute, así como un Pdf de su biografía. A destacar también sus dibujos a lápiz de color sobre lienzo y papel como claro referente de la calidad artística de este pintor.

Lápices de color

Títulos de sus obras de arriba a abajo: ¿Me quieres? (Burca) – Hunter (Carlota) – Changer la Vie (Diptych) (detail) – Les Nourritures Terrestre (Diptych) – Arquitectura (Demian) – Changer la Vie (Guacamayos) – Hunter (Rebeca) – Goldberg-Variationen 2 – Twin Warrior 2 – Red (Demain) – Quiero comprarme una casa al lado de la tuya 3 (detalle) – Changer la Vie (Herminia) – Changer la Vie (Alba) (detalle) – Océano Pacífico – La Vie en Rose.